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sábado, 9 de enero de 2010

Vida Absurda

Fecha: 5 de enero de 2010
Hora: 01:56 a.m.
Lugar: Mi habitación
Cantidad de gente: Un servidor

Contaré esto porque nunca sabes cuando te pueden matar sin saber por qué.
Me encontraba fatigado y cansado tras todo el día de ajetreo. Aún así me senté a ver la TV sobre las 11:45 de la noche aproximadamente. El film era bastante "interesante", tanto que no me sé el nombre. Terminó media hora más tarde dando paso a otra peli que ya había visto tiempo atrás, SLAM. Un largometraje en el que no falta ningún tópicazo de las pelis denominadas "españolada". Tras esa ración de drogas, rock y promiscuidad sexual explícita me fuí a dormir.

Una vez en mi cama (con el pijama ya puesto, a punto de apagar la lámpara de la mesita y viajar al Reino de Morfeo) sucedió algo inesperado e innecesario. Sentí cierta vibración en la mesita acompañada de un horrible sonido (tengo que cambiarme el tono) que rompió la tranquilidad de la noche. En ese momento cogí rápidamente el móvil y contesté con voz ronca (ya que me había hecho a la idea de dormir).

Yo: ¿Si?
Personaje: ,,msdfwejfrwefwenfefe (eso es lo que entendí)
Y: ¿Perdón?

Comprendí que el proceso comunicativo estaba desestructurado así que separé un palmo el móvil de mi cabeza y la agité bruscamente para espabilarme. Proseguí la conversación...
Y: ¿Perdón?
(En ese momento empecé a entender algo, una voz con acento hispanoamericano...)
P: Escuchame ¿Donde estas hijo de p***?
(Posiblemente fuera un amigo gastando una broma)
Y: ¡Ey! ***** (nombre de mi colega). ¡Qué pasa cabrón! ¡cuánto tiempo!

Dejé de hablar un segundo y aquel seguía diciendo tonterías....Empecé a pensar que podía no ser un amigo, que podía ser alguien que se había equivocado, que podía estar soñando despierto, que tal vez hubiera sido mejor apagar el "celular" como ese lo llamaba.
Habló:
P: ¿Cabrón? ¿Encima me ofendes hijo de p***? (creo que no sabía decir otra cosa)
Y: ¿Quién eres?
P: ¿Que quién soy? ¿Tu sabes bien quién soy?
Y: No, yo no sé "bien" quién eres. (Empecé a mosquearme)
P: Soy aquel al que le debes dinero.

Creo que aquí fue cuando volví a separar un palmo el móvil de mi oído y agité la cabeza de nuevo, necesitaba asegurarme de que no dormía y de que la situación era sin duda curiosa. Él seguía hablando, gritando y amenazando.

P: Como no me des la pasta en dos días te rajo! Estás muerto ****! (el mismo taco de siempre) Sabes que confié en tí para este trabajo y ahora me buscan.
Y: Vaya tela -pensé-. (Y antes de que se delatara un poco más le dije) Creo que te has equivocado. No te conozco, y tú a mi tampoco (Espero). Lo tienes difícil para cogerme. (aquí la voz empezó a temblarme un poco y ya me estaba tocando las pelotas) De todos modos ¡¡tranquilo hombre que todo se arregla!!
P: ¿Ahora huyes? Eso es una grave falta de respeto, nos has ofendido. Danos el dinero, tienes poco tiempo. Como lo hayas perdido te juro que....(bla, bla, bla)
(Aquí ya me daba igual todo)
Y: "Pos vale"! Estupendo!
P: ¿Pos vale? ¿Me dices eso? Empieza a despedirte de tus dientes.....(bla,bla.....se iba cabreando por momentos, cada vez se le notaban más los efectos de algún narcótico)
Y: (Empecé a descojonarme de la situación y conforme escuchaba mis risas se cabreaba más)
P: jiejktjrgklrjgrkljklhrjhkljhklhjr (volví a entenderle mal, ya no sabía de que iba la cosa)
Y: Buenas nocheeees!!

Dejé el móvil en la mesita. Me aseguré de no haber dado ningún dato importante sobre mi persona. Cogí la mantita, la puse sobre mi nuca, entré en calor y....viajé al Reino de Morfeo. Por suerte el móvil se quedó en la mesita y no se vino al viaje.

Absurdo, no?

domingo, 22 de noviembre de 2009

Vida absurda

¿No es curioso el hombre? Cuan irremediable es el poder reprimir nuestros instintos más básicos... como el desviar la vista cuando un par de sugerentes pechos se cruzan en tu camino o fijar la vista cuando el culo presente justo delante se mueve al compás de un reloj "tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac...".

Pero bien... ¿no es más cierto que la zona de nuestro cuerpo más instintiva es la de la parte genital y/o íntima que taanto nos gusta manejar? El otro día encontábame yo en el F-Nac, en reunión con los amigos (inclúyese mujeres) habiendo formado un corro, sentí unas irresistibles ganas de rascarme un huevo. Más exactamente el derecho, así que procedí, cerniándome antes de que nadie me obsservaba, a insertar mi homónima mano en el interior de los pantalones e hice un par de movimientos con la uña índice del dedo derecho que me supieron a gloria. Una vez vivida esta orgásmica experiencia, procedí a extraerme de nuevo la mano de los pantalones, pero con tan mala suerte, que el relojo se enganchó en el pantalón. Después de un par de ligeros intentos que no sirvieron de nada comencé a realizar movimientos algo más duros e intensos... y al no poder, pese a mis esfuerzos, extraer mi mano, continué aumentando la brusquedad y la velocidad de mis movimientos.

No me dí cuenta, durante todo el tiempo que estuve luchando en contra del destino, que la conversación anterior se había evaporado y que nuestro pequeño clima se centraba ahora en mis pantalones, en el vivo movimiento de la mano que luchaba por salir de su atolladero y mi cara, la cual denotaba un esfuerzo pocas veces antes realizado.

No me dí cuenta de la situación hasta que pude extraer mi mano... mis palabras exactas fueron "fiu... ya está..." con una ligera sonrisita en la cara y pose de relax.

No quiero saber qué fue lo que pasó por la cabeza de la gente, pero sus caras me lo explicaron todo. La posterior vergüenza a la hora de la explicación fue básicamente... triste "¡¡no es lo que pensáis!! es que me picaba, y luego no podía sacarla, ni con movimientos bruscos, se me había enganchado..." soy penoso.

No sé si debería usar tal vez la otra mano para rascarme los huevos o quitarme el reloj... Lo único que sé es que en un segundo puedes perder el respeto de mucha gente por una ligera confusión debido a un pequeño instinto...

¿Te pica? Pues no te rasques, saldrás mal parado.

martes, 17 de noviembre de 2009

Vida absurda

Hora: Hace 10 minutos. (Ahora son las 20:51 (mientras escribo) así que serían las 20:41 (¡QUE LISTO SOY!))
Lugar: Mi casa. Mi cuarto de baño. Mi ducha.
Cantidad de gente: Yo solo.
Tiempo: Algunas nubecillas dispersas, despejado en su mayoría.

Bueno... esto que narro en las siguientes lineas me ha ocurrido hace escasamente unos minutos. Y desde el momento que me ha ocurrido sabía que tenía que plasmarlo aquí. ¿Soy el único de este puto blog al que le pasan este tipo de cosas?

Joder...

Bueno. Comienzo.
Desde el principio de los tiempos.

Mamá: Duchate ahora y así recojo el baño.
Yo: Vale.
Total, cojo mis cositas, mi mp4 (que está a punto de morir, aunque parece que últimamente está mejor, seguramente solo sería un resfriadillo) para enchufarlo y escuchar musiquita, y esas cosicas que se suelen hacer cuando estás en la ducha.

Me meto en la ducha. Y aquí viene el quiz de la cuestión: mi puta manía de abrir la ventana. Sí, me gusta abrir la ventana (gracias a que por la posición de mi baño ningún vecino de mi bloque puede verme desde arriba, y desde el frente, donde hay otra urbanización de chalets solo pueden verme de cuello para arriba) porque me gusta sentir el fresquito en la cara y regocijarme de que mi cuerpo está calentito bajo el agua. Así me río de toda la gente que está pasando frío ahora mismo.

Bueno. Por si el lector se ha perdido, le situaré: estoy en la ducha, con la ventana abierta, sintiendo el fresquito en la cara, y mirando al horizonte. Pero mi horizonte, son los chalets que he citado antes. Y me ha llamado la atención una única luz que había encendida en uno de ellos, en la parte de arriba, en la alcoba. Y claro, un punto de luz, en la oscuridad, atrae la mirada.

Dentro había un niño.

Y ese niño estaba masturbandose.

Pero bueno, eso en realidad no lo he descifrado tan facilmente (y seguramente peco de inocencia). Primero he visto al chaval (de entre 12 y 13 años). Agitaba brutalmente su mano entre las piernas. Mi primera pregunta ha sido ¿que cojones hace ese chaval? Y claro, me ha impactado y he seguido mirando. Hasta que me he dado cuenta de la acción que se estaba llevando a cabo en aquella habitación...
De lo que va la conexión de no entender nada, a la de descubrir que el chaval se la estaba cascando ( vamos, que parecía que se estaba pegando una paliza. Me han entrado ganas de gritarle "chaval! ten más cuidado, que eso te tiene que durar toda la vida! te la vas a destrozar! Si sangra no es bueno!" (en realidad no, no me han entrado ganas de decirle eso porque estaba absorto y, sinceramente, no me lo creia) el chaval me ha visto.
Entonces se ha hecho el vacio. Ha sido un cruce de miradas muy temerario.

Pensamiento del chaval: a) "Joder, que palo, me han pillado" b) ¿Qué hace ese cabrón mirándome" c) Mierda, estaba apunto de acabar y me ha cortado el rollo. (A todo esto seguía sacudiendosela, o mejor dicho, maltratandosela porque ¡Macho! que ímpetu y que ausencia de dolor).

El pensamiento acertado, seguramente sea el b), ya que la respuesta del chaval fue:
1.Hacerme un corte de manga.
2. Guardársela.
3.Salir corriendo.
4. Apagar la luz.

Y yo me he quedado ahí, que no me lo podía creer...

Y luego, me he sentido un poco vouyer.

Y luego me ha dado pena, por haberle cortado el royo.

Esta es la historia de como pillé a un chaval masturbándose en su casa a las 9 de la noche.


PD: Espero no cruzarmelo por la calle nunca.
PD2: Espero no cruzarmelo por la calle nunca con su madre y que se le ocurra señalarme y decirle: mira mamá, ese era el que me estaba mirando mientras me tocaba.

Pero bueno, este tipo de cosas no podemos evitar que nos sucedan... (o sí, no volveré a abrir la ventana mientras me ducho), porque la vida, muchas veces, por no decir siempre, resulta absurda.





miércoles, 11 de noviembre de 2009

Vida absurda

Hora: 23:02
Lugar: Mercado Central
Cantidad de gente: Poca (Gracias a Dios)
Tiempo: De noche.

En resumidas cuentas, y para situar al lector sobre qué hacía un sábado, a las once de la noche, solo, sentado en las escaleras de un puto mercado, diré que esperaba a dos jodidos miembros de este blog, cuyos nombres no diré (Sr.Rosa, Sr.Marrón) cuando me ocurrió una de las cosas más patéticas que ha podido acontecer a un ser humano, y a la humanidad en general.

Estaba sentado, sumergido en ese mundo que ya he hablado al que me lleva mi amado mp4 (que, por cierto, está a punto de morir. Amén (por si no lo había dicho). Y llegados a este punto hago una reflexión... ¿que probabilidades hay de que te atraquen? No lo sé, pero seguramente muy bajas. Continuo.

Estaba sentado, fumando un cigarrillo de liar, apaciblemente y aburridamente (también). Miraba el reloj (habíamos quedado a las 11) y llegaron a dar las 11:10. No había aparecido nadie, y tuve la genial idea de llamar al Sr.Rosa al móvil (bueno, ciertamente, le mandé un llámame que no tengo saldo (porque no tenía saldo de verdad, lo juro) no es que yo vaya por ahí gorroneando móviles... No, en serio, y esto daría para una buena reflexión: nunca tengo saldo.

Entre que me llamaba, y no, sucedio todo.

Di un calo grande al cigarro, y tras el humo, que se disipaba en la densa noche, vi aparecer esa figura. La describiré como un chimpancé jorobado, babeante, estropajoso y borracho, porque es la verdad. Fue tan patético que ni si quiera merece la pena inventar cosas para ponerle énfasis.

Se me acercó, con la mano alzada, apuntándome, amenazante. Y me hice caca en los pantalones. Babeaba y murmuraba mientras me apuntaba con un objeto (en aquel momento juro que no supe muy bien que era)

- Dame tabaco (era, en toda regla, una amenaza)
- Que? (fue lo primero que me salió porque no le entendí un carajo)
Repitió lo mismo, y le entendí.
Entonces vi el objeto con el que me amenazaba, el objeto temible con el que me apuntaba y me "atracaba" el tabaco... un puto clip desenrollado.............
...........

...........

(pongo puntos porque así es como me quedé yo...)

Entonces me llamó el Sr. Rosa, en medio del asalto...

El chimpancé seguía apuntándome. Yo con una mano intentaba sacar el tabaco, con la otra sostenía el teléfono. Todo era subreal. Intentaba estar atento a lo que me decía mi querido amigo por teléfono, pero a su vez el asaltante nocturno balbuceaba una serie de cosas que jamás llegaré a saber. Solo sé que me infló las pelotas de tal manera que cogí un puñado de tabaco, un papel, una boquilla, y le solté: ale, ya, vete.

Y encima, va, y se pica, y me dice que era un tacaño, y se fue maldiciendome.
Así que... esta es la historia de cómo me atracaron con un puto clip, un clip de mierda, un hierrecito diminuto, del cual pensé que el único daño que podría hacerme era si me lo hubiese clavado en un ojo (entonces si que hubiese estado jodido).

Conclusión: Me quedé más tirado que una colilla, mis amigos no aparecieron. Y encima, me robaron mi tabaco de la forma más patética que el hombre ha conocido hasta ahora.



Pero bueno, son cosas que no podemos evitar. Porque la vida, a veces, por no decir siempre, resulta absurda.

martes, 10 de noviembre de 2009

Vida absurda

Hora: Alrededor de la 1.
Lugar: Autobús (Linea 24)
Cantidad de gente: Demasiada, Overbooking.
Tiempo: Soleado.

Iba yo, sumergido en mi mundo de sueños y fantasía, al que me induce mi querido y amado mp4 (el cual creo que está a punto de fallecer, hoy a dado signos de estar cansado de reproducir una y otra vez la misma mierda. Amen) camino de la universidad.
Por desgracia, y como soy un chico muy educado (y básicamente porque no quedaba ni un puto asiento libre) decidí ponerme en la articulación del autobús (ya que son dos vagones, os podéis hacer una idea de la cantidad de gente que iba) para que los pobres ancianos pudiesen sentarse.
De repente, de la parte de arriba de la articulación, lo que viene siendo el techo... comenzó a salir una especie de vapor humedo, seguramente agua, acompañado de un sonido claro de descompresión (para los que no sepáis cual es probar a leer esto: pfsiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, si lo habeis hecho sabreis cual es, para más énfasis hacerlo en Do bemol).
Y entonces comenzó el pánico (especialmente en la tercera edad)
Un abuelo empezó a empujarme, y a echarme a patadas de ahí (luego me sonrió como diciendo: ha sido un orgullo salvarte la vida)

La gente empezó a chillar: PARA! PARA! PARA! (daban golpes en las ventanas para hacerlo más dramático)
Yo, que soy muy morboso, me senté en un asiento (que milagrosamente se habían quedado vacíos debido al terror del agua y el pitito) y si os soy sincero me quedé mirando esperando algún tipo de explosión (por desgracia no llegó).

El autobusero (no sé como cojones se dice la gente que conduce los autobuses, así que me lo invento) paró (de forma ilegal) en medio de la carretera y abrió las puertas para desalojar el trasto, ya que por los gritos de la gente parecía que había un incendio. La gente bajó, acojonada. Menos cuatro o cinco, jovenes, entre ellos yo, los que supongo teníamos la esperanza de que llegase la explosión y la sangre.

No llegó.

Conclusión: Era una fuga de no se qué. Llegué a escuchar "pues menos mal que ha parado, porque si no podría haberse quedado sin frenos". El autobús nos dejó tirados (más de 100 personas) diciendonos "tranquilos, os recoje el proximo que pase". El siguiente que pasó llevaba otras 100 personas

100 + 100 = Sardinas en lata y un olor a humanidad increible.

Conclusión 2: Me cago en el transporte público.

Pero bueno, son cosas que no podemos evitar. Porque la vida a veces, por no decir siempre, resulta absurda.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Vida absurda



¿Por qué no aprenderé a cerrar la puñetera boca en el momento adecuado? ¿Por qué no puedo contener esas irresistibles ganas de ponerle la puntilla a una situación incómoda? ¿Por qué tengo que hacer gilipolleces? y lo peor de todo ¿por qué siempre me pillan?


Cuando hablo de esto me viene a la cabeza un curioso caso que ocurrió en clase hace un año, y que diría que fue el culmen de mi acabamiento. Después de eso no podía caer más bajo, y no podía hacer el ridiculo de una forma más evidente. Y lo peor es que siempre me pillan, JODER.

Hora: No sé, a media mañana. Entre el desayuno y la comida
Lugar: Clase (El nombre de la asignatura era muy dificil y mi cabeza ha decidido eliminarlo)
Cantidad de gente: Media/Bastante
Tiempo: Ni puta idea, estaba en clase.

Teníamos que hacer una práctica de nosequécojones. Una de esas prácticas de las que tenemos otras 452312786 al año. Estaba aburrido, y era uno de esos días que (tal vez por el jodido efecto del café. Esto es un tema que algun día trataré, porque a mi el café me afecta mucho y mal) Tenía ganas de hacer gilipolleces.
El Sr. Rosa se levantó, y se dirigió a la mesa del profesor con la hoja en la mano a intentar resolver las dudas que asaltaban su incompetente cabeza. El profesor permanecía sumergido en su mundo profesional dentro de la pantalla de su ordenador.
Yo lo ví, ví como se acercaba lentamente, por el pasillo de la derecha del aula. Cómo subía lentamente el escalón de la tarima. Cómo el profesor le miraba y le pedía explicaciones con la mirada. Yo ví, sentado desde mi sitio como él le mostraba sus dudas, y el profesor, a mucha honra le soltaba una de esas parrafadas de 15 minutos que no soporta nadie. Yo, desde mi silla, ví como el Sr. Rosa se aburría, y miraba de vez en cuando a sus alrededores, y a sus compañeros. Bucaba algo que le distrajese. Y ahí estaba yo, mirandole. Era mi momento. Y todo sucedió como en las películas, cuando hay un momento de esos tensos: a camara lenta.
Cerré el puño, y me llevé la mano a la boca con un movimiento ascendente y descendente, simulando una "guarrerida" que por que no caiga el desprestigio de este blog (aunque no tengamos) no nombraré.

El Sr. Rosa se rió.

Yo, como buen capullo que soy, seguí, es más, aumenté la brutalidad del movimiento para hacerlo más exagerado, y más gracioso. Cerre los ojos y me metí de lleno en mi papel.
Al abrirlos se me calló el mundo.
El profesor estaba quieto, había dejado de explicarle al Sr. Rosa para mirarme a mí. Yo seguía con la mano en la boca.
Y... ¿Qué se hace en esos caso, cuando sabes que has perdido toda dignidad, pero tienes que disimular para ver si cuela?... Fingir que bostezas.
Demasiado tarde.
Su cara (la del profesor) lo dijo todo.
Ya no pude volver a mirarle sin tener la sensación de que pensaba que las conexiones de mi cerebro eran erroneas.

Luego el Sr. Rosa, y muchos otros que lo habían visto, tuvieron tema para reirse de mi, como mínimo lo que queda de día, de mes, de año, y de vida.

Son cosas que no podemos evitar. Nos gusta hacer el ridículo por naturaleza.

Porque la vida a veces, por no decir siempre, resulta absurda.




martes, 3 de noviembre de 2009

Vida absurda


Caminando en medio de la noche, hacia mi casa, después de una dura jornada de trabajo universitario he tenido una revelación. Me he dado cuenta de que, la verdad, en la vida nos ocurren ciertas cosas que resultan totalmente absurdas, y otras, demasiado absurdas. Así que me he dicho: Joder! Con lo concurrido que está este blog, y la cantidad de gente que nos lee, podrías hacer una sección reflexionando sobre estas cosas absurdas.

Hoy, tema absurdo donde los haya: las caídas por las escaleras.

Hora: Aproximadamente las 00:01
Lugar: Cine
Cantidad de gente: Media/Poca
Tiempo: Ni puta idea, estaba en el cine

Después de ver una porquería de película. Después de beberte casi un litro de Coca Cola. Después de rellenar tu estomago con esas palomitas que llevan cinco días reposando en ese lindo mostrador transparente, y por ello, es como comer chicle. ¿Qué es lo primero que se te pasa por la cabeza?. Está claro: ir al baño.
Iba yo con mi pareja, y la vejiga a punto de estallar. Solo quería poder difundir mis líquidos internos en paz y darle trabajillo al pringado de turno que le tocase limpiar los aseos. Pero había un problema: el último tren de vuelta a casa pasaba en menos de 20 minutos, y aún nos quedaba llegar hasta la parada, a penas teníamos tiempo.

Yo: Voy un segundo al baño.
Ella: Vale, pero no tardes. Ve rápido.
Yo (Haciéndome el gracioso): Venga, de verdad que no tardo, si quieres voy corriendo.
Y me puse a correr subiendo las escaleras. Bueno "subiendo", primer escalón. Tropiezo. Me como el suelo. Y entonces es cuando sientes que el mundo se para, y ya puedes haberte abierto la cabeza, que lo único que te preocupa en ese momentos es que no te haya visto nadie. Te asaltan mil preguntas. ¿Joder, me habrá visto alguien? Respuesta: Seguro que te ha visto alguien. ¿Habrá sido tan patético como ha parecido? Respuesta: Seguro, y mucho más de lo que tú te piensas. ¿Se estarán riendo? Respuesta: Seguro, y si no lo expresan, por dentro estará descojonado. ¿Ese trozo de tobillo es mio? Respuesta: Sí.

Entonces intentas una táctica desesperada: dar pena para que no se rían de ti. Que se fusiona con la táctica de la persona que te acompaña para intentar no explotar en un ataque de risa. Tú intentas dar pena.

Yo: Aaaaaa... Dios! tengo sangre. Me he hecho mucho daño. Creo que me he roto la pierna. Llama a un medico, seguro que tengo hemorragias internas. Veo una luz al final del tunel.

La suya es fingir que se preocupa, cuando lo que en realidad quiere es explotar de risa.

Ella: Ay! Cariño, estás bien? Te has echo daño?

Entonces decides acabar con el cuento: vale, puedes descojonarte, yo lo haría.

Y entonces se descojona.

Luego tiene tema para reirse de tí, como mínimo lo que queda de día, de mes, de año, y de vida.


Son cosas que no podemos evitar. Nos gusta hacer el ridículo por naturaleza.

Porque la vida a veces, por no decir siempre, resulta absurda.